22/5/17


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¿La que volvió… es la misma?
Algunas palabras para El faro, quirófano al Noreste.

Astrid Fugellie Gezan, poeta perteneciente a una generación que creció y se desarrolló en un país totalmente distinto, protagonista de la diáspora y testigo del violento quiebre de nuestra democracia, es la autora de este poemario El Faro, quirófano al Noreste, libro editado por Cuarto Propio y que inicia con un excelente prólogo de Christian Formoso.

Ricardo Blume escribió que en un contexto en el que la vida se ve amenazada, “la conciencia de la precariedad humana exige la presencia de otra realidad”; y tal vez por ello, Astrid ha pasado durante su poética, entre otros muchos temas, por la identificación personal con algunas de nuestras etnias, por ejemplo, simbolizando a través de sus versos el abandono, la soledad o el despojo. Ahora, con este Faro con el que hoy alumbra a la poesía chilena, ella aborda en sí misma la orfandad y el desamparo a través de un cuerpo inerte que está desertando de la vida.

No es azaroso que comience su poemario con dos citas que conmueven. Una, de Conrad, en la que se pregunta si aquel que volvió a vivir es el mismo que fue… advirtiendo que su grito, o más bien, sus gritos en ese retornar, eran el respiro del regreso…

El otro epígrafe es de T.S. Eliot, y nos acerca aún más a lo que se viene en las páginas posteriores, pues la imagen que el poeta compara es, precisamente, la de un ocaso con un quirófano en una partida, una ruta entre calles medio desiertas…

Precisamente. El libro de Astrid se encuentra atravesado por la voz de la consciencia de una mujer -ella- que comienza un viaje irremediable e intransferible sobre una camilla a través de una línea o sobre un borde confuso e inestable acercándose a una frontera desconocida cuyo límite está develándose.
Estos hechos tan dolorosos la llevan a resolver el desarrollo del poemario concretizadando una revalorización del ser, del yo conflictuado fuertemente, casi hasta el punto del quiebre.
En el desarrollo de este libro hay tres fechas relevantes para la autora: invierno de 2008, primavera del 73 y verano del 50; de manera que en este ir y venir entre la vida y la muerte en ese peregrinaje íntimo y personal, la paciente-hablante nos lleva a lomo de sus magistrales versos entre estas cronologías. Es así, entonces, que el libro comienza ubicándonos en un espacio tiempo y en un periplo radical. Cito:
invierno del dos mil ocho dice: rauda
es la camilla

soplado su esqueleto   cruza
pasa corredores    salta los recintos

la camilla cruza       sí       cede

En este poema la autora nos pone en contexto de fecha (2008) y de lugar (que está insinuado); y, les imprime, además, una urgencia: rauda, soplado su esqueleto cruza, pasa, salta…
En estos cinco versos del primer poema, Astrid nos devela el corpus, la columna que sostiene el libro, a través de la cual, su voz nos va permitiendo acompañarla en sus recuerdos y emociones en ese estado límite, por la franja que divide aquello que es desconocido, con este lado donde la realidad –la suya-, la espera.
Es un viaje donde el consciente se mantiene alerta aunque sus ojos estén cerrados, su boca no hable o su cuerpo permanezca inerte, porque el juicio existe, percibe, siente. Sabe, por ejemplo, en qué minuto la manivela actúa; artefacto que se transforma a lo largo del libro en un símbolo de conexión entre una realidad y la otra.




los ecos retumban
manivela  des
valida
la vida lloriquea

La autora reemplazó la modernidad del botón (que ya existía para el 2008) por la antigua manija que al hacerla girar al lado de los catres y camillas, cumplía con la función de levantar o recostar a los pacientes dependiendo de sus necesidades médicas. La manivela es, sin duda, protagonista del poemario, y es a través de ella que Astrid nos despierta y nos dice, estén atentos que estoy dejando de respirar. Necesito oxígeno, estoy cayendo al abismo…

lanceta cayendo   su
corte es punzante: -¡de
cuajo al latido!- dice
manivela     el abismo

El libro posee, como la autora nos tiene acostumbrados, un lenguaje depurado, trabajado con mucho cuidado, con amor. Cada poema contiene un conjunto de palabras que están ahí porque tienen que estar. Nada es al azar, ningún corte, ningún signo está fuera de su lugar. Es un claro ejemplo de aquello que nos hablara Pound en su ensayo “El arte de la poesía”; en el que señala, o más bien aconseja, no enturbiar la percepción de un sentido intentando expresarlo en términos de otro. Hay que buscar la palabra exacta, dice; “la palabra justa”… y ella, Astrid, la posee.
Sin lugar a dudas, Astrid Fugellie es una de las voces más trascendentes de la poesía chilena, poseedora de una mirada amplia y variadas voces poéticas; es original, y por qué no decirlo, vanguardista. Ella se atreve, inventa, juega con las palabras y las palabras trascienden. Su pensamiento y sentimientos están contenidos de forma armoniosa en cada trenza que teje y que convierte en un poema único.

Ella nos va revelando de manera paulatina su divagar por un hades que tal vez es otro plano u otra realidad, fundiéndose suave con aquello que está sucediendo en la sala de operaciones.

En la página 59 nos regala un poema tremendo que nos cambia el escenario y nos devuelve a 1973. Un texto fuerte y agudo que nos incorpora como actores del Golpe:

primavera  de  setenta y tres dice:
la queda   es el toque de la queda

son las luminarias apagándose
son los hombres des

apareciendo   es la muerte cabalgando
son los ojos muriendo   los ojos: -y el

malaventurado zarpazo, golpe,
y ¡golpe!

Todos sufrimos todos sufrimos TODOS
Entonces

La otra fecha, verano del 50, es época de nacimiento para Astrid    “…faro imaginario, dimensión de la mar oscura/manivela ay: -¡qué vida más muerte!”, dice. En estas páginas entramos en ese alumbramiento doloroso en el que ella se transforma en el milagro de la vida, en la diosa que será luego la misma mujer que verifica si sus huesos y sus órganos están aún con ella cuando despierta en el quirófano.

Este tránsito de Astrid en la sala de urgencia me recordó en algo a Borges y sus recurrentes tópicos literarios, como el viaje, la búsqueda y el regreso, el reverso y el anverso… temas que siempre apuntan a un conflicto vital profundo, que es lo que precisamente tenemos en este libro. La autora está transmitiendo una de las experiencias más intensas que un ser humano puede pasar; y estoy cierta de que transformarla en poesía debió ser para ella como volver a vivir lo que tanto dolió; de manera que los años que tomó en escribir este libro extraordinario, son los que tenía que demorar en masticar, en tragar, respirar y sanar, porque -y con esto no descubro la pólvora- escribir para un poeta es “vivir” cada imagen y cada palabra; es como sentirlas desde la panza. De manera que, dicho esto, considero a Astrid Fugellie no sólo una poeta intensa y magnífica; sino que, además, una mujer doblemente valiente: sobrevivió dos veces a una misma muerte.
¡Manivela!
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Crítica a Vuelvo de Siberia esta tarde de Cecilia Palma

Claudia Molina nos hace entrega del análisis borgiano respecto a la última entrega literaria de Cecilia Palma.





"Vuelvo de Siberia ésta tarde": 
Un tránsito por los cuatro temas de Borges


Por Claudia Molina

Cecilia Palma (1962) es una reconocida poeta chilena, pertenece a la llamada generación NN o de los “sobrevivientes”; es decir, la de aquellos escritores que comenzaron su actividad literaria en los ochenta o inicios de los noventa, en el periodo final de la dictadura militar chilena y el advenimiento de la democracia.

Su último poemario Vuelvo de Siberia esta tarde es un testimonio de las múltiples experiencias que, unido a sus obras anteriores (A pesar del azul, Asirme a tus hombros, Piano Bar) pueden leerse como un gran texto envuelto en una gran profundidad  estética, conceptual, a veces, críptica y, otras veces, compleja (como la vida misma), lo que muestra que la labor  poética  para Cecilia Palma se basa en recoger las experiencias propias y ajenas, reelaborándolas y devolviéndolas como experiencias nuevas que, paradójicamente, son también cotidianas de un mundo que no sólo rodea a Cecilia, sino que también nos envuelve a nosotros.

Al leer  Vuelvo de Siberia…,  es imposible no pensar en Jorge Luis Borges y los cuatro grandes temas presentes en la literatura: el viaje, la búsqueda, el regreso y el sacrificio.  Temas que  en sus páginas se funden de manera casi natural, para entregarnos un texto integro que asume en términos de  otro argentino, Julio Cortázar, la necesidad de un lector cómplice que realiza su lectura como un constante desafío a la comprensión.  De esta manera nos hacemos cómplices de Cecilia, descifrando el uso de las múltiples intertextualidades presentes en los poema; que van desde la Biblia y su referencia al soplo mágico que da vida: y como si no dudara la noche, dejar caer/el abismo de las sombras/el hechicero lanza su soplode oscuridad (16)”; pasando, también por el  acento trágico que recuerda en  las “Coplas a la Muerte de su Padre” de Jorge Manrique, la fragilidad de la vida que no es más que un paso para  la inexorable llegada de la silenciosa muerte: ¿A qué se viene sino a / confirmar que/ la existencia es/ un duelo/entre la vida y la/ muerte/ con un solo vencedor?”. (25)

Volviendo al texto, éste se divide en dos partes: “Vuelvo de  Siberia esta tarde” y “El Beso de Judas”.  En la primera parte, los poemas están cargados de un sentido simbólico que nos devuelve a la idea del viaje y el retorno de un lugar  lejano y frío, retorno a espacios diferentes, “bulliciosos”, el hablante vuelve a la ciudad: Vuelvo de Siberia esta/tarde/llego al centro de la ciudad/y su bullicioel perro como siempreen la esquina de casasueña su sueño de perro” (13).  Y es en este retorno, que la poeta advierte que muchas cosas se mantienen igual, que no ha habido cambios profundos, ya que la soledad está aún presente en la ciudad: “sigue acuñando / juicios y en las paredes / continúan multiplicándose / sombras de guiñoles huérfanos” (13).  

Sin embargo, a la idea de viaje y retorno, se le agrega el tercer tema: el inicio de  una búsqueda trascendental para todo poeta  y, quizás para todo ser humano, esto es: la búsqueda del sentido de la existencia que está perdido o difuso (como un espectro) en el bullicio de la ciudad o en el sin sentido mismo de la existencia: La conciencia es un espectro/que rinde cultola expectación del encuentroinvade el ejercicio ysu condenala obsesiva visión de unpoeta extraviado/de un símbolo que pierdesensatez/e involuntario/atraviesa el puente conluz roja”. (14)

Esta búsqueda constante del sentido perdido lleva al hablante a una situación límite, que es sentirse indefenso, desprotegido y huérfano con deseos huir de este mundo: “nos quedamos quietoscolgandopéndulos indefensos/sujetos a la orden delos vientoscon irrefrenables deseos de saltar/y escabullirnos/ desaparecernos asidosa la espumao al hilo de un/ volantín extraviado” (18).  De este modo, en el texto se plantea la soledad como una dimensión profundamente existencial que deja al hablante indefenso y huérfano, pero que es necesaria, como lo plantea Maurice Blanchot para quien la necesidad de la soledad no esel aislamiento complaciente del individualismo, dado que el  que escribe se aparta  de los otros y es apartado  por el resto, en algunos casos, sin darse cuenta; no obstante, este no es el caso de Cecilia Palma,  sus textos asumen esta soledad e indefensión, este proceso de viajar,  buscar y regresar como algo natural y profundamente humano, pero al mismo tiempo artístico, dotándolo de un simbolismo y un lenguaje que como dice Blanchot es parte del arte.

En cuanto a los poemas que componen la segunda parte del libro, “El beso de Judas”, éstos continúan trabajando con el lenguaje y el pensamiento, pero sin cultismos, en una sucesión contenida que profundiza, con la misma intensidad anterior, en la trama existencial, donde el cuarto tema propuesto por Borges, el sacrificio, aparece desde el inicio con el título: “El beso de Judas”; aquí se conjuga la traición del que besa y que logra mediante ese beso, desencadenar los pasos que llevan al sacrificio de una deidad, es por esto que los poemas de esta parte del texto aparecen profundamente ligados a la dimensión vida y muerte como una paradoja constante a la que todo ser humano se ve enfrentado, quizá de manera inconsciente: “El puente conoce/a la maldita que sabrá de/tus huesos/el derrotero atrapa/la frágil concienciadel inmolado” (44).

Ahora cabría preguntar: ¿Quién es el que se sacrifica en el texto de Cecilia? ¿Quién representa esa imagen mesiánica?  El mismo texto nos entregará la respuesta que ha venido vislumbrándose de la parte anterior, quien se sacrifica es el poeta, en la medida que es él quien se enfrenta al sacrificio, es el que se ha entregado a este destino cargado de la soledad de la mencionamos anteriormente con Blanchot: “Puede ser que el viento/abrace la balada de un/ joven poeta enamorado/ pero nadie le ha dicho que/aunque sonría/ la soledad es una receta consabida.”  (49).  Sólo la soledad, en la que el poeta se sumerge y  se hunde, es la única receta y camino que lleva, inexorablemente al sacrificio que no es cuestionado, sino más bien, asumido.

Esta dimensión del  sacrificio implica  la muerte, pero no remite  a una muerte inerte, es decir, es una muerte que no termina ahí, sino que conlleva un viaje hacia el inframundo o mundo de los muertos, lo que nuevamente nos trae a una intertextualidad, ahora con La Odisea: “mudo el viaje a las entrañas/ de una historia que vegeta en/ el inframundo/ después/mucho después/ que tus pasos sean/un recuerdo minimalista/ o la tela inconclusa de un artista/ que delira.  (45)

Finalmente, el texto termina dejándonos con cierta tristeza, e incluso con un cierta desazón, dado que es probable que este sacrificio sea en vano, esto es, no sea valorado y los versos del poeta se perderán….: “y no habrá quien repita los/versos de un poeta/asesinado/ ni las oraciones serán escuchadas/ por ese ángel que un día le/juró custodia.” (46).

Así, es probable pensar a priori que este transitar por los cuatro temas de Borges terminará dejando sumidos en un profundo desdén; sin embargo, a posteriori nos remitimos a la frase de Jesús en la cruz: “perdónalos, porque no saben lo que hacen” esta frase no dicha por Cecilia, pero intuida por sus lectores cómplices, nos permite sentirnos privilegiados de  leerla y comprenderla en su mensaje lleno de simbolismos, que nos devuelve a la creencia de que aún es posible descubrir un mensaje tan trascendental en la sencillez de las palabras y la poesía.

Serie: Poesía
Título: Vuelvo de Siberia esta tarde
Autora: Cecilia Palma
Editorial: Ediciones el Juglar
Año: 2011
País: EE.UU. (Maryland)
Pp.: 67


Fuente Imagen: http://3.bp.blogspot.com/-p4ors0ugFnI/TuGOK0UpVlI/AAAAAAAAErA/B_tKZUGPlaw/s1600/FOTO-PORTADA-SIBERIA-PALMA2011.jpg

16/1/14



JUAN GELMAN O EL POETA ELEGIDO


Por Cecilia Palma
XX Feria del Libro
Córdoba-Argentina
(Septiembre, 2005)

“Nací en Villa Crespo, en Buenos Aires. Nací ahí porque en un momento tan delicado como un alumbramiento, quise acompañar a mi madre” (1). Esta curiosa poética de vida nos devela el calibre de un poeta como Gelman. En él hasta lo más sorprendente fluye con una naturalidad digna de ancestrales sabidurías. El poeta nace en 1930. En su juventud formó parte del grupo “El pan duro” compuesto por amigos escritores que al calor del entusiasmo  se autoeditar sus primeros trabajos.

 El Pan duro fue un grupo bastante heterogéneo, sin embargo, entre sus miembros existen una serie de rasgos comunes que los hacen participar de un imaginario colectivo: el rescate de la urbe como protagonista de lo cotidiano,  los giros y la atmósfera de la poética del tango, el uso del lenguaje coloquial y la mancomunión de lo estético con lo político. Todos estos creadores eran parte de una juventud rebelde e inconformista que tuvo por escenario grandes hitos de la historia, en una época políticamente convulsa:  La Revolución Cubana, la intervención norteamericana en Santo Domingo, Vietnam, Argelia, etc.

            Desde el comienzo el discurso poético de Gelman fue subversivo, a pesar de las consecuencias que pudiera traerle. Violín y otras cuestiones  fue el primer libro que “El pan duro” publicó en 1956, con un prólogo entusiasta de Raúl González Tuñón. La obra se instaló inmediatamente en el escenario literario de la época. González Tuñón, a quien Gelman conociera en un recital en el teatro “La máscara”, se habría maravillado con su poesía y muy especialmente con “El caballo de la calesita”, que consideró magistral.

Trajin, ciudad y tarde Buenos Aires
Aire de plaza ruido de tranvía
(Galopando una música de tango
gira el caballo de la calesita)”...

Gelman tenía entonces 26 años; e irrumpe con su poesía en el círculo de las letras. Poseedor de una voz ágil, fresca, variada en tonos y matices donde prevalece el verso libre, sin embargo,  demuestra que también puede escribir sonetos de buena ley.

Para nadie es un misterio que la vida de Gelman no ha sido fácil. Al decir de Vallejos; “él sabe en carne propia que hay golpes en la vida tan fuertes...” Este sino trágico queda de manifiesto en gran parte de su obra:

Cuerpo que me temblás entrado al alma/
frío que me enfriás/ manito tuya
manando sombra/ sombra/ sombra/ sombra
¿paro tu deshacerte en algún lado?/

Sin duda Gelman es un sobreviviente a pesar de sí mismo, y su poesía está inserta en la otra historia de Latinoamérica; su voz ha asumido múltiples formas en lo poético. Sus desdoblamientos le permiten escribir como  John Wendell, Yaminokuchi Ando, Sydney West y otros que develan otras particularidades de su escritura. De estas singularidades nos habló a su paso por Santiago donde recibió el Premio Iberoamericano Pablo Neruda. Gelman nos explicaba que esos poetas inventados por él, le permitieron  realizar una suerte de catarsis para salirse de sí mismo. De paso, estos poetas constituían una provocación a las corrientes populistas que sostenían que la poesía tenía que ser nacional, de esta manera Gelman invierte la proposición populista al proponer con los “traducidos”, que podían ser tan argentinos como cualquier otro, y que el idioma es una manera de entender el mundo, de enfrentarlo, de padecerlo.

Gelman, transita de una tradición poética a otra y crea un lenguaje personal que en general se caracteriza por la ausencia de puntuación; la proliferación de barras diagonales al final y entre sus versos; la aparición de neologismos; que expresan lo que de otra forma no podría ser dicho; la repetición de palabras, la profusión de interrogantes en las que hay que detenerse un instante por su profundidad y cuyas respuestas dejan en silencio; el uso recurrente del diminutivo que convoca ternura, compasión, sin tener que redundar en la imagen.

La poesía de Gelman en muchos casos se vuelve determinante, es en sí misma una certeza, una verdad poética insoslayable; por ejemplo: en la conclusión del poema “Límites”, nos dice:

Sólo la esperanza tiene las rodillas nítidas.
Sangran.

“El tema de la poesía es la poesía”; ha dicho Gelman. “Ella  no tiene temas prohibidos, aunque jamás, agrega, escribiría un poema a Hitler; ni siquiera para putearlo”; y nos dice –“escribir no es una mera cuestión de voluntad. Cuando me toca me toca, y no hay vuelta”.

La nueva poesía debía negar a la poesía establecida para existir como tal. El tema de cambiar el mundo desde la literatura, y en particular desde la poesía, es un concepto que abrazan las llamadas Vieja y Nueva Poesía;  la diferencia radica en los modos de ejecutar el proyecto y a riesgo de qué. En la Nueva Poesía, el poeta ya no cantará desde su escritorio sino desde la trinchera; la suya será un alma más que comparte el peligro y las vicisitudes de la vida. Un participante activo de la historia que se teje.

En Gotán por ejemplo, se muestra claramente la voz diferente que se apodera del discurso poético. Ya no más metáforas ni ritmo perfectos, sino un discurso cotidiano, que va desde una fuerte proclama a la ternura máxima. Así mismo suele cambiar los tiempos del hablante. Por ejemplo:

Ha muerto un hombre y están juntando su sangre en cucharitas,
querido juan, has muerto finalmente.

En el primer verso se identifica una imagen fuerte indicando que ha muerto un hombre; como si fuese un anuncio o un titular de periódico; en el segundo el muerto es nombrado en primera persona: Juan;  que podría ser cualquier persona, incluso el poeta. Se juega a la ambigüedad, ¿quién es el hablante?, ¿un hombre, una mujer, un padre?; y sin embargo, en el transcurso de la lectura sabemos que es una protesta desde el amor. Es en sí mismo un mensaje de denuncia y de impotencia. Deja entrever que Juan es un asesinado político; sobre todo en los dos últimos, haciendo una alusión simbólica de la inmortalidad de las ideas:

Vigilemos a ver dónde brotan sus manos
empujadas por su rabia inmortal.

El lector es el encargado de construir la realidad desde los versos, en ellos sólo se insinúa, no la aborda ni transcribe;  quien lee, se  transforma casi en cómplice del poeta rearmando la realidad a medias. Gelman trabaja con la intertextualidad, mezcla lo literario y lo ordinario o distintos niveles expresivos dentro de un mismo discurso.
Ángel Rama expresa : “A pesar del celebrado imperio de la novela en América Latina, sigue siendo la poesía, como fue desde los orígenes, el ágil instrumento de búsquedas y encuentros, la audaz y voladora vanguardia de las letras...”; y uno de sus exponentes máximos es sin duda Juan Gelman; cuya obra delata una ambiciosa búsqueda de un lenguaje trascendente, ya sea a través del realismo crítico y el intimismo, primeramente y luego con la apertura hacia otras modalidades, la singularidad de un estilo, de una manera de ver el mundo, la conjugación de una aventura verbal que no descarta el compromiso social y político, como una forma de templar la poesía con las grandes cuestiones de nuestro tiempo.  Antes del Premio Pablo Neruda; recibió en el 97 el Premio Nacional de Poesía y a principios de este año también el Premio Reina Sofía en su versión decimosexta, fallo que sería difundido por la Universidad de Salamanca, indicando que es “autor de títulos imprescindibles para la poesía Argentina y contemporánea”. A este imprescindible he tenido la suerte de conocer en su reciente visita a Chile en el mes de julio, con motivo de recibir el Iberoamericano Pablo Neruda. “El gran vínculo de su obra con la cultura popular y el carácter original, riguroso y conciso de su creación fueron las razones fundamentales que esgrimió el jurado de honor del Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, para otorgar el galardón en su versión 2005”; con estas palabras el Ministro de Cultura de mi país, don José Weinstein, hizo pública la información de que el favorecido para recibir el galardón que otorga por segundo año consecutivo el Ministerio de la Cultura, era el poeta argentino Juan Gelman; justo el año en que el mundo entero celebra los 400 años de la primera edición de El Quijote de la Mancha, y que en nuestro calendario nacional estamos conmemorando a los poetas Jorge Teillier, Rolando Cárdenas, Gabriela Mistral, y a Óscar Hahn que cumple 50 años desde la publicación de su primer libro. Todos ellos, y también Gelman, entre otros;  poetas indispensables que han entregado a nuestras letras  una obra que sin duda permanecerá para las futuras generaciones de América Latina y el mundo.

Cuando nos adentramos un poco en la vida del poeta Juan Gelman y encontramos pasajes en los que cuenta su vida, donde narra, por ejemplo, que en una época enloquecida escribió 9 libros, pasando noches en vela, en las que se le encontraba por la mañana dormido sobre su máquina de escribir, recordamos en el Quijote la cita “se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio”... ambos tocados por la misma locura de la palabra, de la fertilidad creativa del verbo y pareciera que esta coincidencia de fechas, los premios de Gelman y los 400 años del Quijote;  no fuera casual.

A don Alonso de Quijana, las lecturas le poblaron el seso con sus obsesiones, a Gelman, incansable escritor, autor de una treintena de libros de poesía, dos óperas y libros de prosa; ha dejado en su obra, todas las obsesiones de una vida. Las suyas, nos dice; han sido la infancia, el amor, la mujer, la muerte, el otoño y la revolución. Así en su texto “Estos poemas”, nos dice:

             estos poemas esta colección de papeles esta
            manada de pedazos que pretenden respirar todavía
            estas palabras suaves ásperas ayuntadas por mí
            me van a costar la salvación

y la estrofa final:

y no me quejo ya que
ni oro ni gloria pretendí yo escribiéndolas
ni dicha ni desdicha
ni casa ni perdón


Hay que destacar que Gelman a pesar de su dura experiencia, no se dejó llevar por la derrota, al contrario siguió  buscando el milagro de vivir y su persistencia tuvo frutos: su poesía ha tenido múltiples reconocimientos a nivel mundial, pero sin duda, el hecho más importante en esta etapa de su vida, ha sido el encuentro con esa joven (su nieta) que lleva en sus ojos, los ojos de su hijo y de su nuera. Él mismo dice: “El poeta se atará al palo mayor de su ignorancia para no caer en sí mismo, sino en otro país de aventura mayor, muerto de miedo y vivo de esperanza”.


En lo personal, solo me queda decir que siento una gran satisfacción de haber compartido con Juan Gelman con ocasión del recital que ofreciera en la Sociedad de Escritores la tarde del 12 de julio del presente año. En esa oportunidad, la Casa del Escritor, allá en el Barrio Plaza Italia, era una fiesta, y la voz del poeta calaba hondo entre las más de trescientas personas que brindaron por la humanidad de su poesía.

NOTAS:
1- (Extracto de “El pibe Juan”, Revista La Maga)


23/3/13

Comentario literario: “Vuelvo de Siberia esta tarde” de Cecilia Palma


Ingrid Odgers Toloza
Profundo y soberbio poemario es el nuevo libro de la poeta Cecilia Palma (Santiago, 1962) “Vuelvo de Siberia esta tarde”. La obra es un viaje de regreso, la poeta vuelve del exilio y el castigo, retorna a la ciudad para encontrar. Cecilia logra una extraordinaria condensación de la palabra en cuanto materia de símbolo, señales que nombra, canta y decanta tras una mirada reflexiva.
DE INGRID ODGERS TOLOZA



Profundo y soberbio poemario es Vuelvo de Siberia esta tarde (Ediciones El Juglar, 2011),  el nuevo libro de la poeta Cecilia Palma.
La obra es un viaje de regreso, la poeta vuelve del exilio y el castigo (Siberia), retorna a la ciudad para encontrar la dura soledad: “.…sigue acuñando juicios y en las paredes continúan multiplicándose sombras de guiñoles huérfanos”,inconsciencia: “ la conciencia es un espectro que rinde culto…”, ignominia: “…nada consume a la ignominia/ nada / se han levantado voces de miles / he visto a las multitudes llenar /sus plazas / y al espectro continuar su trabajo…”, traición: “…los ojos de una doncella saben / esconder el juego de la vida / se sujetan como garras / allí se sabe de la traición../, muerte: …”la leve constancia/ de lo absoluto/la definitiva perversidad de ese conocimiento…”, hastío e iniquidad: “las filas de personas / que intentan resistir el hastío / sin dejar de lado la iniquidad…”, obsesión: “…cada cual con su obsesión / a cuestas / no sé por qué / estamos encerrados…”, crítica: “…vienes a las calles /corbata limpia /mientras el agua conciudadana/ se vendió como puta de / barrio infecto…”, soledad: “…ya sabernos carne y sexo / y células que se / mueren a cada segundo / porque en cuanto la madre expulsa al hijo /pródigo del vientre / se está solo / solo en mundo ajeno”.
Cecilia logra una extraordinaria condensación de la palabra en cuanto materia de símbolo, señales que nombra, canta y decanta tras una mirada reflexiva marcada por la decepción, la soledad, el vacío, compañeros inseparables en el angustiante y ansioso peregrinar para quien ve más allá de las sombras que nos circundan: la artista, ciertamente un ojo observador, atento a las sombras indolentes que se desplazan automáticas, inconscientes entre la urbe enajenada en tiempo y asfalto.
“…tu precepto puede / ser traducido / los náufragos son / esclavos del asfalto…”
Cecilia Palma, mujer, poeta. Su palabra es un golpe directo al espíritu. Remece.
“…nadie le ha dicho/ que aunque sonría / la soledad es una receta/ consabida”.

Tristeza minimalista. Poemas de Cecilia Palma


Por Omar Pérez Santiago
Tal si fuese a escuchar el jazz de Miles Davis  y de sus riffs, sin hacer ruido, en un momento sombrío y espectral, concentrado, quizá con un Martini en la mano, en 19 poemas de la primera parte del libro de Cecilia Palma, identificados por un numeral romano, la vemos entrar a la ciudad, un mundo crepuscular de misteriosa noche, de oscura contemplación vaporosa, sutil y de profundidad emocional, quizá “la sacra, indecible, misteriosa noche” de Novalis.
Texto distante, austero, elegante minimalista, siempre inspirado, de alguien que inventa regresar al mundo de noche,  alguien desesperanzado vuelve a la ciudad sombría, extraviada o perdida o replegada desde alguna parte llamada Siberia, y en esos adoquines muy grises, esos ojos muy tristes de desaliento se encuentran con perros que sueñan sueños de perros,  sombras de marionetas en los muros del muelle o en el puente del río o un gato que maúlla. Una especie de melancolía, esa especie de nostalgia destilada a gotas que hace feliz, (un poco, no mucho), un licor de evocación y limitada placidez en la melodía, en la visualidad y la riqueza emocional contenida. Un aguijón que a veces duele. ¿A qué se viene a un tiempo de silencio después de atravesar el fondo?
La segunda parte del libro se llama el Beso de Judas, 25 poemas donde se vivencia el mundo sin dioses, donde ahora se vive la separación del eros, el sentimiento y el sentido; por treinta monedas, habría que agregar. El amor tránsfuga que come de tu pan, utilitario de la cultura de la suposición y de lo especulativo que  le  deja nada y ausencia: unaprofunda soledad, un hambre existencial. El timador pirata -un lobo negro vacío, exhumado,  enfermo sin saberlo-, es inasible y  anuncia de madrugada que se escapa “ a Vietnam o a la muralla milenaria”, un hombre que se fuga a un lugar mientras más exótico mejor, una mascarada, el espejo de un amante  que no puede sostener la mirada. “Ahí te dejo y a ese designio que te amó”
Pedazos de una voz notable, que crea una unidad con el control de las formas, de cada línea, de cada imagen, de cada silencio. Auténtica Metapoesía reflexiva del signo, que enfrenta a estereotipos, con el espesor, la intensidad de zonas oscuras y muy vivas. Unidad de fondo y tono y  un solo movimiento. Poemas breves y tupidos de escrupuloso diseño. Concisos y sobrios, estructurados, con significaciones enigmáticas y adhesión a su fondo metafísico que funda el vibrante núcleo temático de su poesía ontológica.

Vuelvo de Siberia esta tarde, El Juglar, 2011

25/4/12

Vuelvo de Siberia esta tarde



En el país de las maravillas, la pobre Alicia
no tuvo ocasión de experimentar su lógica [...]
Enrique Lihn


UNO

Vuelvo de Siberia esta tarde


I
Vuelvo de Siberia esta
tarde
llego al centro de la ciudad
y su bullicio
el perro como siempre
en la esquina de casa
sueña su sueño de perro.
Es un hecho;
la soledad sigue acuñando
juicios y en las paredes
continúan multiplicándose
sombras de guiñoles huérfanos.



II

La conciencia es un espectro
que rinde culto
la expectación del encuentro
invade el ejercicio y
su condena
la obsesiva visión de un
poeta extraviado
de un símbolo que pierde
sensatez
e involuntario
atraviesa el puente con 
luz roja.
















III
La sombra se niega a
abandonar
su obra
la otra historia
es el enigma de un insomnio
una lectura desnuda
ese sueño reflejo
y su realidad
al despertar.















IV
Un mago bebe
cirros al atardecer
selecciona fronteras para
ese beso que vierte en una
ciudad sitiada por el desaliento
sin Chagall surtiendo pinceles
deshoja apenas a la
silueta del asfalto.
A la hora de la verdad
las miradas suelen
encontrarse inadvertidas,
transparentes y vertiginosos
los personajes atraviesan
la línea
y como si no dudara la noche
dejar caer
el abismo de las sombras
el hechicero lanza su soplo
de oscuridad
ella tambalea sobre tacones
la humedad de un verso
coquetea en el borde de
su barbilla
 y se deja vencer.



                                                                       




















V
Huyen los neones del espectáculo
la charada del hombre
es un ritual amargo
la pátina que difumina rasgos
el rumor ahoga cada
palabra de su especie
el asesino ronda desde
hace años
y sus dientes brillan a la
bombilla ultravioleta
no contempla
revelar el enigma de sus
vértices
y por supuesto
disfraza sus propósitos.

















VI
El muelle nos sujeta
como a pilotes
y las olas se abruman
bajo la noche
nos quedamos quietos
colgando
péndulos indefensos
sujetos a la orden de
los vientos
con irrefrenables deseos de saltar
y escabullirnos
desaparecernos asidos
a la espuma
o al hilo de un
volantín extraviado.







VII
El reino del habla
huye por el viejo puente
y su lengua
acaso volara tierra adentro
como si pudiese
sombrear lo inasible
en la comisura de
un sueño dibujado a la
imagen de una realidad que
nos perturba
y no conocer el fin
y dejarnos llevar abrazados
a esa ilusión como si niños,
o casi un círculo que
encierra el tiempo dentro
de sus alas.






VIII
He visto definir la distancia de
lo que mis ojos atrapan
a través del vidrio
la metrópolis baila
con la urgencia del
condenado
asiste a la codicia de
una bruja sin piel que
vende los circuitos de
sueños envejecidos
doy pasos de cisne
el gato maúlla sobre un
edificio asfixiado
la conciencia vigila
desde una precaria
cuerda bajo el asfalto
nada consume a la ignominia
nada
se han levantado voces de miles
he visto a las multitudes llenar
sus plazas
y al espectro continuar su trabajo
¿Cuál el sello de los que siguen?


Deseo beber su sangre
elixir de la más
extraordinaria cepa
y de nuevo sorber el aire de
un cuento encantado
donde la diferencia
no sea
sino
la discusión del mejor
desenlace.






IX
Entre calles de luces
multicolores
Rimbaud hubiese cantado
un blues en algún bar céntrico,
el sonido de Miles
contendría la esencia de una
nota silvestre
mientras las flores agonizaran
conmigo arrimada a sus pétalos.
Él no hubiese regresado
siendo el mismo
al amanecer de su sentencia.
La ruta de la poesía sostendría
el mismo dictamen.



X
¿A qué se viene
a un tiempo de silencios
después de atravesar el fondo?
La búsqueda ha perdido sentido
el corredor donde
los ojos de una doncella saben
esconder el juego de la vida
se sujetan como garras
allí se sabe de la traición
las aves figuran como trofeos
en esos vértices y
las mujeres ríen
con sus dientes de nicotina
como si ese fuese
su último día.




XI
Sin haber llegado
al otro lado del puente
ni alcanzar las
dos puntas
que se vienen sobre el río
la noche se sumerge sobre
sí misma
el beso de los amantes guarda
generaciones de endorfina y
a secretos bajo el asfalto
se pierden las intenciones.




XII
¿A qué se viene sino a
confirmar que
la existencia es
un duelo entre la vida y la
muerte
con un solo vencedor?
la leve constancia de
lo absoluto
la definitiva perversidad de
ese conocimiento
incrustado como un diamante en
una joya invaluable
que no puedes tocar ni comprar
está fuera de tu alcance
cambiar el destino de las cosas
así la maldición de
los pasos contados
de las horas respiradas
de una lengua húmeda y un
sistema perfecto en función
al toque final la
campana detendrá su
devaneo y la música será
historia.




XIII
A qué se viene sino
a sellar el rumbo de las cosas
y a mirar con desconcierto
las filas de personas que
intentan resistir al hastío
sin dejar de lado la iniquidad
o la rutina de un
círculo sin sentido
mientras yo me
arrastro prisionera
tras una gota de poesía
supurando un pedazo de vida
los dientes siembran un
sueño después de la mascada
por el borde se escapan
a punto del vacío
notas rescatadas en
el inconsciente
la música otra celda y otra alma
cada cual con su obsesión
a cuestas
no sé porqué
estamos encerrados
mientras las hojas amarillentas

se lanzan en
caída libre sobre las calles
ellas conocen de los signos
es el tiempo de las sombrillas
de caucho
el licor de los borrachos
vespertinos aún
ronda por los rincones
ya saben de los pechos maduros
que se pudren vírgenes
acosados por el deseo.













2/10/11

SÁBADO 1 DE OCTUBRE DE 2011

"VUELVO DE SIBERIA ESTA TARDE": LA HONDURA EXISTENCIAL DE CECILA PALMA

Vuelvo de Siberia esta tarde
Cecilia Palma
Ediciones el Juglar, Maryland, 2011, 67 paginas.
Por Francisco Martínez B.

Hay poetas cuya obra es reconocible como una obra de pensamiento, el lugar de la lengua donde se ejerce una proposición sobre el ser y sobre el tiempo. Lo afirma el filósofo francés Alain Badiou, que reconoce esa vieja historia de rivalidades entre el poeta y el filósofo que ya había detectado Platón.

Piensa Alain Badiou que existe un momento en la historia de la filosofía en la que el pensamiento se halla suturado a la poesía. Es “la edad de los poetas”, un período, arrastrado desde el siglo XIX, en el que la filosofía desertó de su papel y ciertos poetas ocuparon el lugar de los “amantes de la sabiduría”, que los filósofos habían dejado vacío, convirtiéndose con sus poemas no solo en pensamiento, sino en “pensamiento del pensamiento”. Como muestras, la poesía de Mallarmé, de Rimbaud, de Trakl, la palabra metafísica de Pessoa. Y por último Paul Celan, con el que finalizaría la “edad de los poetas”.

No es mi intención contradecir al pensador francés, pero es obvio que, antes y después de la “edad de los poetas”, ha habido muchos escritores que en sus poemas se han atrevido a hacer verdaderas revueltas lógicas. Me atrevo a presentar, sobre todo para los lectores españoles, a la poeta chilena Cecilia Palma como continuadora de esa línea en la que la poesía es un lugar de pensamiento. Cecilia Palma Jara se adscribe ella misma a la que en Chile llaman generación NN, la generación de los “sobrevivientes” en el período de la dictadura pinochetista. Y la crítica de su país la encuadra dentro de la poesía metafísica. Una poesía que poco tiene que ver con los llamados poetas metafísicos ingleses del siglo XVII (John Donne, George Herbert, Andrew Marvell…), cuyos versos se orientaban a captar más la razón que las emociones y de los que un personaje de una novela de Samuel Johnson dice peyorativamente: “La tarea de un poeta…es examinar no al individuo, sino la especie: observar propiedades generales y apariencias en grande. No enumera los pétalos del tulipán, ni describe los diferentes matices del verdor del bosque”.

En las antípodas de esta corriente lírica es donde se sitúa la poesía de Cecilia Palma, aunque sin desdeñar su preocupación por la conceptualización, por utilizar palabras e imágenes para penetrar en los insondables territorios del ser. No del ser metafísico, sino del ser existencial, el Dasein, esa entidad que cada uno de nosotros por si mismo es y que está aquí en el mundo, en el decir de Heidegger. “La postura que defino en mis textos -confiesa la poeta chilena- se relaciona con la intimidad del Ser enfrentado a si mismo y a lo que lo rodea”.

Su último poemario Vuelvo de Siberia esta tarde es una prueba de todo ello. Un poemario que, unido a sus obras anteriores (A pesar del azul, Asirme a tus hombros, Piano Bar) yergue un microtexto envuelto en una gran hondura estética, conceptual, a veces distorsionado y críptico, porque ser poeta para Cecilia Palma es recoger la propia tradición y la del mundo entero y reelaborarlas.

Desde las profundidades pelágicas de nuestro tiempo, emerge pues la voz poética de Cecilia Palma para transmitirnos su imaginario, una operación de verdad, anticipación a miles de preguntas que se hospedan en cada uno de nosotros. Volver de Siberia -metonimia simbólica del destierro y de la muerte- y regresar al bullicio de la ciudad, a una nueva vida, sin perder de vista, no obstante, que la soledad no se ha diluido, “sigue acuñando / juicios y en las paredes / continúan multiplicándose / sombras de guiñoles huérfanos” (página 13). Siendo así mismo conscientes de nuestra indefensión, “sujetos a la orden de los vientos”. En nuestra ruta como viajeros por el mundo, seguramente nos sobrevendrá la noche y es entonces cuando el amor (“el beso de los amantes”) nos mantendrá a flote sobre las turbias aguas que el puente no pudo salvar.

Pocos poemas, sin embargo, tan arraigados en la dimensión existencial como el XII y el XVII. En el primero de ellos, cimentado en una intertextualidad quizás inconsciente con Epicuro y Lucrecio (De rerum natura), la voz poética se interroga retóricamente sobre ese duelo, con final previsto, entre la vida y la muerte, a la vez que apunta a un cierto materialismo (“la leve constancia del absoluto…está fuera de tu alcance cambiar el destino de las cosas”, página 25). El segundo, en cambio, incide con un acento trágico que recuerda las “Coplas” de Jorge Manrique, en la penuria solitaria y perecedera de nuestra existencia. Ciertamente con la poeta hemos de reconocer que llegamos de Siberia conociendo ya la sentencia de nuestra estirpe.

Los poemas que componen la segunda parte del libro (“El beso de Judas”), pensados y elaborados igualmente como operaciones de lenguaje y pensamiento, pero sin palabras vanas, sin cultismo, en una sucesión contenida, profundizan con la misma intensidad en la trama existencial, en las paradojas de la existencia humana. Poesía pues que amalgama pasión y pensamiento, que nos habla al corazón y a la cabeza. Esa gran verdad del mundo que repiten los poetas gallegos, remedio para nuestra época, porque la voz que nos embelesa, nos hace a la vez meditar, salvándonos del tedio, de la facticidad del mundo.


………………………

Poemas de Vuelvo de Siberia esta tarde
VI
“El muelle nos sujeta
como a pilotes
y las olas se abruman
bajo la noche
nos quedamos quietos
colgando
péndulos indefensos
sujetos a la orden de
los vientos
con irrefrenables deseos de saltar
y escabullirnos
desaparecernos asidos
a la espuma
o al hilo de un
volantín extraviado.”

XII
“¿A qué se viene sino a
confirmar que
la existencia es
un duelo entre la vida y la
muerte
con un solo vencedor?
la leve constancia de
lo absoluto
la definitiva perversidad de
ese conocimiento
incrustado como un diamante en
una joya invaluable
que no puedes tocar ni comprar
está fuera de tu alcance
cambiar el destino de las cosas
así la maldición de
los pasos contados
de las horas respiradas
de una lengua húmeda y un
sistema perfecto en función
al toque final la
campana detendrá su
devaneo y la música será
historia.”


(Cecilia Palma, Vuelvo de Siberia esta tarde, páginas 18 y 25)