domingo, 18 de noviembre de 2018
GRITO LIBERADOR Y EN ESPIRAL

Grito
Cecilia
Palma
Ilustraciones
de Catalina Mancilla Palma
Ediciones
Eutopia, Santiago de Chile, 2018, 70 páginas.
Hace ocho
años tuve la oportunidad de presentar,
sobre todo para los lectores españoles, a la poeta
chilena Cecilia Palma, autoadscrita a lo que en
Chile se llama generación NN, la generación de los
sobrevivientes en el período de la dictadura militar
pinochetista. Cecilia Palma es así mismo una poeta
metafísica, tal como la encuadra la crítica de su país..
Grito, su nuevo poemario se vincula con esa misma
línea en la que la poesía es un lugar de pensamiento,
como señaló en su día en pensador francés Alain
Badiou, en referencia a “la edad de los poetas”.
Poesía metafísica en buena medida, mas en las
sobre todo para los lectores españoles, a la poeta
chilena Cecilia Palma, autoadscrita a lo que en
Chile se llama generación NN, la generación de los
sobrevivientes en el período de la dictadura militar
pinochetista. Cecilia Palma es así mismo una poeta
metafísica, tal como la encuadra la crítica de su país..
Grito, su nuevo poemario se vincula con esa misma
línea en la que la poesía es un lugar de pensamiento,
como señaló en su día en pensador francés Alain
Badiou, en referencia a “la edad de los poetas”.
Poesía metafísica en buena medida, mas en las
antípodas de aquella poesía metafísica
inglesa del
siglo XVII, orientada a captar más la razón que las
emociones, no al individuo sino a la especie.
siglo XVII, orientada a captar más la razón que las
emociones, no al individuo sino a la especie.
Grito es
el quinto poemario de Cecilia Palma, y ya
el lema del paratexto (“La noche tiene la forma de
un grito de lobo”, un verso de Alejandra Pizarnik)
nos pone en la senda para llegar a las esencias
de este libro y nos da una explicación sobre su
campo de sentido. Cecilia Palma, si bien de forma
más simbólica que narrativa, representa en el
fondo algunos de los momentos y constantes de
la existencia humana. Comenzando por el
profundo desgarro que se produce cuando el grito
del hijo, cobijado durante meses en el refugio
materno, atrapado ahora en la quebrada del cuello,
está a punto de ser parido. Es el alarido infinito
y primigenio que lanza al recién nacido o a la
recién nacida en caída libre; una caída que es a
la vez drama y liberación. Pero también sangrar y
desangrar.
el lema del paratexto (“La noche tiene la forma de
un grito de lobo”, un verso de Alejandra Pizarnik)
nos pone en la senda para llegar a las esencias
de este libro y nos da una explicación sobre su
campo de sentido. Cecilia Palma, si bien de forma
más simbólica que narrativa, representa en el
fondo algunos de los momentos y constantes de
la existencia humana. Comenzando por el
profundo desgarro que se produce cuando el grito
del hijo, cobijado durante meses en el refugio
materno, atrapado ahora en la quebrada del cuello,
está a punto de ser parido. Es el alarido infinito
y primigenio que lanza al recién nacido o a la
recién nacida en caída libre; una caída que es a
la vez drama y liberación. Pero también sangrar y
desangrar.
Y
tras la expulsión del conducto vital, la
navegación por la vida, con un cuerpo que también
es prisión, obligados a arrojarnos en brazos del
viento, acunados por el sueño y entregarnos al
abismo. Y ser juguetes del destino, paralizados
quizás por el miedo que “hiere / asfixia / sujeta /
ciñe al respiro con trenzas negras” (página 36).
Es el destino de la especie. Como también lo es
la necesidad y el atrevimiento de avanzar, aunque
sea con la certidumbre de la pérdida, de un mal paso
que se descuenta al final de la partida.
navegación por la vida, con un cuerpo que también
es prisión, obligados a arrojarnos en brazos del
viento, acunados por el sueño y entregarnos al
abismo. Y ser juguetes del destino, paralizados
quizás por el miedo que “hiere / asfixia / sujeta /
ciñe al respiro con trenzas negras” (página 36).
Es el destino de la especie. Como también lo es
la necesidad y el atrevimiento de avanzar, aunque
sea con la certidumbre de la pérdida, de un mal paso
que se descuenta al final de la partida.
La
poeta no olvida los contextos en los que esa
existencia recién alumbrada tendrá que vivir, y a
los que tendrá que enfrentarse: los ocres del desierto,
una historia de abusos y de niños tragados por el
frío, golpes, estocadas que acechan en caravana,
vacíos en el estómago, vacuidades devoradoras del
pensamiento, amores inconclusos, dudas que
rondan los cuerpos… Y frente a todo ello, la única
defensa: un cuerpo que es apenas una certeza, pero
que es capaz de abrazar y besar. El beso
desembalado se transforma en caricia capaz de
sorber el miedo. Tampoco omite Cecilia Palma el
recuerdo de los ausentes, la estirpe que se aferra a
los huesos. Por eso los recoge a todos, y será con
ellos que se arroje a la contingencia y a la lucha
existencial.
existencia recién alumbrada tendrá que vivir, y a
los que tendrá que enfrentarse: los ocres del desierto,
una historia de abusos y de niños tragados por el
frío, golpes, estocadas que acechan en caravana,
vacíos en el estómago, vacuidades devoradoras del
pensamiento, amores inconclusos, dudas que
rondan los cuerpos… Y frente a todo ello, la única
defensa: un cuerpo que es apenas una certeza, pero
que es capaz de abrazar y besar. El beso
desembalado se transforma en caricia capaz de
sorber el miedo. Tampoco omite Cecilia Palma el
recuerdo de los ausentes, la estirpe que se aferra a
los huesos. Por eso los recoge a todos, y será con
ellos que se arroje a la contingencia y a la lucha
existencial.
Con
la seguridad de que la vida renace después
del grito, la poeta realiza en sus versos, estrofas y
poemas una profunda reflexión -poética en la forma,
existencial en el contenido- sobre esa partida que
es la vida que, cual espiral representada
copiosamente en las ilustraciones, gira y gira en
torno al grito liberador, frente a la penuria que es
la existencia.
del grito, la poeta realiza en sus versos, estrofas y
poemas una profunda reflexión -poética en la forma,
existencial en el contenido- sobre esa partida que
es la vida que, cual espiral representada
copiosamente en las ilustraciones, gira y gira en
torno al grito liberador, frente a la penuria que es
la existencia.
Una
poética que, como en Vuelvo de Siberia
esta tarde, se eleva como operación de lenguaje y
pensamiento, sin palabras vanas, sin cultismos,
en una sucesión contenida, con ausencia incluso de
título, aunque acompañados por acertadas
ilustraciones -“ut pictura poesis”- de
Catalina Mancilla Palma.
esta tarde, se eleva como operación de lenguaje y
pensamiento, sin palabras vanas, sin cultismos,
en una sucesión contenida, con ausencia incluso de
título, aunque acompañados por acertadas
ilustraciones -“ut pictura poesis”- de
Catalina Mancilla Palma.
Poesía
pues que sutura emoción y pensamiento.
Por eso habla a la vez el corazón y la cabeza,
nos deleita y nos hace pensar.
Por eso habla a la vez el corazón y la cabeza,
nos deleita y nos hace pensar.
Francisco
Martínez Bouzas
Tres poemas de Grito
¡Ah, ese
grito!
“ese
grito que desgarra y
somete
que arrincona a los sentidos en un
vértice
amortajados
tal vez
en sigilo
ellos permitiendo la oscuridad
o
la luz
roce de donde habita
el coraje
de aquello que ha estado
prisionero bajo la piel
es el momento del derroche
del disolverme amarrada
al sonido que expulsa la
campana
deste
único templo
lo cierto
lo exquisitamente mero
es el momento
de sangrar y desangrar el
torrente aferrado en
el tajamar
en el túnel, en el conducto
vital
desarraigar lo que
somete y sujeta
lo que ahoga día con
día
momento
a momento”
…..
“arriba
se abrazan los vientos
un disfrute gozoso a la intemperie
un precoz destino de uniones y éxtasis
largas greñas envuelven los ocres del desierto
una chola grita a sus antepasados una historia
de abusos y de niños tragados por la
arena y el frío
canta a la aurora rosácea
inaugura el silencio
despeja el destino sus pasos
yo juego a extender mis alas
pero no hay viento que se lleve mi nombre
en tropeles los instantes
vértigos y náuseas atacando
delirios de amores ciegos
golpes que acechan en caravana
ella
resiste a la estocada
pone su pecho abierto
mientras las mariposas huyen de
la escena”
…..
“se
calma la vigilia con ese
beso negruzco de los cirros
tan húmedo y tan blando
hay que
apagar la mirada -digo- y
respirar
se
acumulan las imágenes adentro mío
se atropellan
insisten
juegan aganar la batalla
hay que apagar la mirada y
respirar -repito-
y
dejarse arrastrar por el viento
abandonarse al silencio
a lo absoluto
al goce de los sentidos
tengo tanto que decir
tanto que
decir”
(Cecilia
Palma, Grito,
páginas
13-17, 48-49, 66-67)
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